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Rifle americano del tipo Hawken con diópter de tipo vernier.

Tubo de cristal en el que podemos apreciar la disposición de
una carga usual de pólvora, sémola y proyectil esférico
envuelto en calepino.

Punto de mira del tipo "aleta
de tiburón", típico de los rifles americanos del tipo
Hawken.
Con el Waatlander Bolo es
posible conseguir grupos bastante cerrados, aunque dependerá
en gran manera de la técnica y preparación del tirador.

Podemos apreciar hasta cuatro
rifles apoyados en la mesa y todos ellos de tipo
centroeuropeo con culata caída y rabera sobredimensionada.

La posición de la cara
respecto del diópter es esencial para una toma de miras
adecuada.

El tirador Alfred Bailer es
un clásico del equipo alemán que no destaca por su
"deportividad". En la imagen sufriendo un mal disparo
forzado.

Manuel Astudillo, actualmente
retirado por un enfermedad, ha sido uno de los mejores
tiradores del equipo español. Con su Rémington 1863 Zouave
consiguió meritosos puestos en la disciplina de Vetterli
original. |
Favara a
8 de Diciembre de 2011
OBSERVACIONES
Respecto de la sémola, os habréis dado cuenta que
la uso en todas las cargas que he descrito, hay sectores a
favor y otros en contra, por lo que paso a describir los
motivos que me impulsan a utilizarla.
Pero
antes de entrar en detalle, quiero destacar que entre los
mejores tiradores de Vetterli del mundo, no existe unanimidad en
el uso de este componente. Los tiradores especializados
únicamente en esta disciplina, generalmente no la emplean,
mientras que los que también compiten en otras del calendario
MLAIC, si suelen utilizarla. No quiero entrar en teorías
polémicas, pero es cierto que con las excelentes pólvoras suizas
que tenemos en la actualidad, es bastante factible tirar sin la
necesidad de este componente inerte, al menos si somos lo
bastante escrupulosos en el proceso de carga y atacado del
proyectil.
En primer lugar, la sémola
actúa como taco de separación entre la carga de pólvora y el
proyectil, obturando y evitando que la bala se lleve el fogonazo
y la fuerza de los gases directamente en su base de plomo puro
sin alear. También es destacable su acción erosiva que actúa
sobre los residuos que pudieran quedar en los ángulos interiores
de las estrías. Por otra parte, la sémola actúa como
amortiguador, que por su composición irregular, tiende a
ordenarse ante un golpe de la baqueta de carga, absorbiendo
parte de esa energía que no es transmitida a la carga de
pólvora. De esta forma evitamos que esta se apelmace y cambie su
forma de combustión y regularidad, que sin duda afectaría
negativamente a la balística de interior y por lo tanto al
resultado final esperado, que no es otro que una agrupación lo
mas cerrada posible. Tiene otras particularidades, pero
difíciles de teorizar, sin embargo, y lo mas importante, es que
nunca he percibido que perjudique en ningún sentido.
Todo lo dicho son teorías sin mas
fundamento que las propias suposiciones del autor, por lo que
carecen del rigor necesario. Solo la experiencia me ha
demostrado que los resultados son mas regulares con determinadas
cargas de sémola, pero también puede ser debido a que ataco los
proyectiles con relativa fuerza y hasta su expansión.
Actualmente se puede escuchar a diferentes tiradores sobre las
bondades de tal o cual carga, yo no voy a defender ninguna carga
en concreto después de haber indicado mis experiencias con las
diferentes armas que he podido experimentar. Cada cañón con su
tipo, número y paso de estrías, precisa de una determinada
velocidad del proyectil para estabilizarlo en su vuelo hacia el
blanco. Generalmente esta velocidad estará comprendida entre los
240 y los 340 mts. Por debajo de los 240 mts también puede ser
preciso un cañón, pero estará demasiado expuesto a los pequeños
cambios (climatológicos, residuos de combustión anterior,
humedad etc.) que pueden
llevar al traste una hipotética buena tirada. Por encima de los 340
mts, los proyectiles de plomo puro tienen el problema de un
exceso de calentamiento por la fricción, con el resultado de
emplomado de cañones y deficiente precisión.
De todo lo dicho se
deduce que la velocidad idónea estará comprendida entre los 300 y
los 320 mts para la mayoría de rifles de pólvora negra que se
cargan por la boca con proyectil de plomo desnudo. Si limpiamos el cañón antes de cada
disparo, podríamos aumentar la velocidad inicial hasta los 360
mts.
Para rifles cargados con proyectil esférico envuelto en
calepino humedecido, podremos aumentar la velocidad inicial para conseguir
una mayor rasante y precisión, ya que en este caso no estamos
expuestos al problema del plomo desnudo. En este último caso no
existen mas limitaciones que las físicas del material empleado
en la envuelta, pero en general podremos efectuar disparos en
torno a los 550 mts con total seguridad y precisión.
LIMPIAR UN RIFLE
La combustión de la pólvora negra deja muchos residuos en el
interior del cañón que deberemos eliminar tras cada sesión de
tiro, pues por su componente salina, son altamente higroscópicos y pueden dañar el ánima
de un cañón con mucha rapidez. Por este motivo, hay que
limpiarlas con prontitud, o al menos, si no va
a ser posible su limpieza a corto plazo, las aceitaremos para
detener el proceso, en espera de poder limpiarlas detenidamente.
En zonas secas del centro de España, por la baja humedad
relativa del ambiente, es posible demorar un poco la limpieza,
pero no es en absoluto aconsejable.
Afortunadamente estos
residuos son solubles en agua, por lo que para limpiar
fácilmente el cañón, dispondremos de agua caliente, el mejor
disolvente para residuos de pólvora negra, una baqueta de
limpieza y trapos de tipo bayeta precortados de manera que se
adapten al lavador de la propia baqueta. También precisaremos de un
cepillo de los usados para la higiene bucal y aceite para armas
(el WD-40 es uno de los mas empleados).
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Dibujo extraído
del libro "los senderos del rifle". Podemos apreciar
la postura idónea con el centro de gravedad
retrasado para compensar el peso del rifle y que
será mas extrema cuanto mayor sea el peso del arma.
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En primer lugar dispondremos
del agua en un recipiente (a ser posible de plástico), en el que
introduciremos el cañón por la parte de la chimenea y con el
cepillo frotaremos por la zona de la recámara y chimenea
para quitar la
carbonilla que queda en esa zona. Seguidamente, procederemos con
la baqueta (si es posible una específica de material
plástico para evitar las salpicaduras que se producen por el
salvabocas de las normales de carga), a la que habremos puesto un trapo de los reseñados
humedecido, que introduciremos hacia el interior del cañón y con
un movimiento de “vaivén” bombearemos agua a través del
mismo. Esta acción hará que los residuos solubles
salgan por la chimenea en forma de líquido negro. Cuando deje de
salir el agua oscura, podremos sacar el cañón y secarlo bien
exteriormente, para seguir con el proceso de secado interior.
Para ello y con la misma baqueta que hemos utilizado
anteriormente, introduciremos un trapo seco en el
interior y lo pasaremos hacia adentro y hacia fuera
substituyéndolo con frecuencia hasta que salga seco. Con esta
acción secamos el ánima a la vez que terminamos con la limpieza,
pues también aquí extraeremos parte de los residuos no solubles en
agua y que quedan fundamentalmente entre los ángulos de las
estrías.
Una vez limpio y seco (si
fuera necesario aplicaríamos aire caliente, con un secador de
cabello a la zona de la recámara para asegurar que el canal de
fuego queda perfectamente libre de humedad), procederemos a la protección
del ánima con un ligero lubricado que nunca debe ser excesivo.
Para ello emplearemos la misma baqueta y un trapo impregnado en
aceite para armas que haremos pasar varias veces a través del
ánima. Terminaremos pasando el mismo trapo aceitado por el
exterior del cañón, con lo que tendremos el rifle perfectamente
limpio, protegido y dispuesto para la próxima sesión de tiro o
bien para mantenerlo guardado durante un tiempo.
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Las estrías del
ánima del cañón son las que imprimen la rotación al
proyectil para su estabilización. Según sea su paso,
rápido o lento, emplearemos un proyectil u otro. Los
proyectiles mas largos requieren de una mayor
velocidad rotacional (RPM) para estabilizar su vuelo
y viceversa.
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CHIMENEAS
(pistons
en alemán, nipples en inglés)
La chimenea es el yunque sobre el que golpea el
martillo que activará el fulminante. Al tiempo es la encargada
de transmitir el fuego hacia la recámara para iniciar el
disparo. Es por ello un elemento vital en la secuencia del
disparo.
No es un componente que precise de especial cuidado, salvo unas
cuantas normas que habremos de respetar y que repasaremos a
continuación.
Es cierto que hay tiradores que magnifican la importancia de
vigilar el diámetro del canal de fuego de la misma.
Personalmente y para esta disciplina, creo que hay que emplear
una chimenea, de berilio o de acero, de calidad contrastada y
con un canal de fuego de 0,7 mm. Esta nos durará una buena
temporada y deberemos substituirla en función de nuestros
requerimientos, pues no es lo mismo la alta competición que el
tiro de entretenimiento. El autor de este trabajo las substituye
cuando el canal de la chimenea llega a los 0,8 mm, pero está
demostrado que incluso con un canal de 1 mm se pueden obtener
resultados aceptables, y de hecho algunos rifles de bajo precio
llevan instaladas chimeneas con ese diámetro en el canal de
fuego.
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Las chimeneas de
máxima calidad suelen presentarse con canal de 0,7
mm, mientras que las de bajo precio suelen ser
irregulares y sin un diámetro estandarizado.
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Nosotros
recomendamos que cuando adquiráis un rifle, nuevo o de ocasión,
quitar la chimenea y substituirla por otra de calidad y canal de
0,7 mm. También consideramos muy importante instalarla con unas
vueltas de cinta de teflón en la rosca para hacerla estanca a
los gases, al tiempo que nos permitirá extraerla fácilmente
cuando fuera necesario.
Otra recomendación muy importante a tener en cuenta es la de no
apretar en exceso la misma, solo hay que roscarla hasta el
final, no precisa de ninguna fuerza adicional, de lo contrario
dañaremos la cresta de los hilos de la rosca con todos los
problemas que ello puede comportar.
Continúa en la parte
10ª y última.
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