José Ramón Galán Talens

Vetterli

NOVENA   PARTE


 

 


Rifle americano del tipo Hawken con diópter de tipo vernier.

 

 

 


Tubo de cristal en el que podemos apreciar la disposición de una carga usual de pólvora, sémola y proyectil esférico envuelto en calepino.

 

 

 


Punto de mira del tipo "aleta de tiburón", típico de los rifles americanos del tipo Hawken.

 

 

 

 
Con el Waatlander Bolo es posible conseguir grupos bastante cerrados, aunque dependerá en gran manera de la técnica y preparación del tirador.

 

 

 


Podemos apreciar hasta cuatro rifles apoyados en la mesa y todos ellos de tipo centroeuropeo con culata caída y rabera sobredimensionada.

 

 

 


La posición de la cara respecto del diópter es esencial para una toma de miras adecuada.

 

 

 


El tirador Alfred Bailer es un clásico del equipo alemán que no destaca por su "deportividad". En la imagen sufriendo un mal disparo forzado.

 

 

 


Manuel Astudillo, actualmente retirado por un enfermedad,  ha sido uno de los mejores tiradores del equipo español. Con su Rémington 1863 Zouave consiguió meritosos puestos en la disciplina de Vetterli original.

Favara a 8 de Diciembre de 2011

 

OBSERVACIONES
Respecto de la sémola, os habréis dado cuenta que la uso en todas las cargas que he descrito, hay sectores a favor y otros en contra, por lo que paso a describir los motivos que me impulsan a utilizarla.

Pero antes de entrar en detalle, quiero destacar que entre los mejores tiradores de Vetterli del mundo, no existe unanimidad en el uso de este componente. Los tiradores especializados únicamente en esta disciplina, generalmente no la emplean, mientras que los que también compiten en otras del calendario MLAIC, si suelen utilizarla. No quiero entrar en teorías polémicas, pero es cierto que con las excelentes pólvoras suizas que tenemos en la actualidad, es bastante factible tirar sin la necesidad de este componente inerte, al menos si somos lo bastante escrupulosos en el proceso de carga y atacado del proyectil.

En primer lugar, la sémola actúa como taco de separación entre la carga de pólvora y el proyectil, obturando y evitando que la bala se lleve el fogonazo y la fuerza de los gases directamente en su base de plomo puro sin alear. También es destacable su acción erosiva que actúa sobre los residuos que pudieran quedar en los ángulos interiores de las estrías. Por otra parte, la sémola actúa como amortiguador, que por su composición irregular, tiende a ordenarse ante un golpe de la baqueta de carga, absorbiendo parte de esa energía que no es transmitida a la carga de pólvora. De esta forma evitamos que esta se apelmace y cambie su forma de combustión y regularidad, que sin duda afectaría negativamente a la balística de interior y por lo tanto al resultado final esperado, que no es otro que una agrupación lo mas cerrada posible. Tiene otras particularidades, pero difíciles de teorizar, sin embargo, y lo mas importante, es que nunca he percibido que perjudique en ningún sentido.

Todo lo dicho son teorías sin mas fundamento que las propias suposiciones del autor, por lo que carecen del rigor necesario. Solo la experiencia me ha demostrado que los resultados son mas regulares con determinadas cargas de sémola, pero también puede ser debido a que ataco los proyectiles con relativa fuerza y hasta su expansión.

Actualmente se puede escuchar a diferentes tiradores sobre las bondades de tal o cual carga, yo no voy a defender ninguna carga en concreto después de haber indicado mis experiencias con las diferentes armas que he podido experimentar. Cada cañón con su tipo, número y paso de estrías, precisa de una determinada velocidad del proyectil para estabilizarlo en su vuelo hacia el blanco. Generalmente esta velocidad estará comprendida entre los 240 y los 340 mts. Por debajo de los 240 mts también puede ser preciso un cañón, pero estará demasiado expuesto a los pequeños cambios (climatológicos, residuos de combustión anterior, humedad etc.) que pueden llevar al traste una hipotética buena tirada. Por encima de los 340 mts, los proyectiles de plomo puro tienen el problema de un exceso de calentamiento por la fricción, con el resultado de emplomado de cañones y deficiente precisión.

De todo lo dicho se deduce que la velocidad idónea estará comprendida entre los 300 y los 320 mts para la mayoría de rifles de pólvora negra que se cargan por la boca con proyectil de plomo desnudo. Si limpiamos el cañón antes de cada disparo, podríamos aumentar la velocidad inicial hasta los 360 mts. 

Para rifles cargados con proyectil esférico envuelto en calepino humedecido, podremos aumentar la velocidad inicial para conseguir una mayor rasante y precisión, ya que en este caso no estamos expuestos al problema del plomo desnudo. En este último caso no existen mas limitaciones que las físicas del material empleado en la envuelta, pero en general podremos efectuar disparos en torno a los 550 mts con total seguridad y precisión.

 

 

LIMPIAR UN RIFLE

La combustión de la pólvora negra deja muchos residuos en el interior del cañón que deberemos eliminar tras cada sesión de tiro, pues por su componente salina, son altamente higroscópicos y pueden dañar el ánima de un cañón con mucha rapidez. Por este motivo, hay que limpiarlas con prontitud, o al menos, si no va a ser posible su limpieza a corto plazo, las aceitaremos para detener el proceso, en espera de poder limpiarlas detenidamente. En zonas secas del centro de España, por la baja humedad relativa del ambiente, es posible demorar un poco la limpieza, pero no es en absoluto aconsejable.

Afortunadamente estos residuos son solubles en agua, por lo que para limpiar fácilmente el cañón, dispondremos de agua caliente, el mejor disolvente para residuos de pólvora negra, una baqueta de limpieza y trapos de tipo bayeta precortados de manera que se adapten al lavador de la propia baqueta. También precisaremos de un cepillo de los usados para la higiene bucal y aceite para armas (el WD-40 es uno de los mas empleados).

 

Dibujo extraído del libro "los senderos del rifle". Podemos apreciar la postura idónea con el centro de gravedad retrasado para compensar el peso del rifle y que será mas extrema cuanto mayor sea el peso del arma.

 

En primer lugar dispondremos del agua en un recipiente (a ser posible de plástico), en el que introduciremos el cañón por la parte de la chimenea y con el cepillo frotaremos por la zona de la recámara y chimenea para quitar la carbonilla que queda en esa zona. Seguidamente, procederemos con la baqueta (si es posible una específica de material plástico para evitar las salpicaduras que se producen por el salvabocas de las normales de carga), a la que habremos puesto un trapo de los reseñados humedecido, que introduciremos hacia el interior del cañón y con un movimiento de “vaivén” bombearemos agua a través del mismo. Esta acción hará que los residuos solubles salgan por la chimenea en forma de líquido negro. Cuando deje de salir el agua oscura, podremos sacar el cañón y secarlo bien exteriormente, para seguir con el proceso de secado interior. Para ello y con la misma baqueta que hemos utilizado anteriormente, introduciremos un trapo seco en el interior y lo pasaremos hacia adentro y hacia fuera substituyéndolo con frecuencia hasta que salga seco. Con esta acción secamos el ánima a la vez que terminamos con la limpieza, pues también aquí extraeremos parte de los residuos no solubles en agua y que quedan fundamentalmente entre los ángulos de las estrías.

Una vez limpio y seco (si fuera necesario aplicaríamos aire caliente, con un secador de cabello a la zona de la recámara para asegurar que el canal de fuego queda perfectamente libre de humedad), procederemos a la protección del ánima con un ligero lubricado que nunca debe ser excesivo. Para ello emplearemos la misma baqueta y un trapo impregnado en aceite para armas que haremos pasar varias veces a través del ánima. Terminaremos pasando el mismo trapo aceitado por el exterior del cañón, con lo que tendremos el rifle perfectamente limpio, protegido y dispuesto para la próxima sesión de tiro o bien para mantenerlo guardado durante un tiempo.

 

 

 

Las estrías del ánima del cañón son las que imprimen la rotación al proyectil para su estabilización. Según sea su paso, rápido o lento, emplearemos un proyectil u otro. Los proyectiles mas largos requieren de una mayor velocidad rotacional (RPM) para estabilizar su vuelo y viceversa.

 

CHIMENEAS (pistons en alemán, nipples en inglés)

La chimenea es el yunque sobre el que golpea el martillo que activará el fulminante. Al tiempo es la encargada de transmitir el fuego hacia la recámara para iniciar el disparo. Es por ello un elemento vital en la secuencia del disparo.
No es un componente que precise de especial cuidado, salvo unas cuantas normas que habremos de respetar y que repasaremos a continuación.
Es cierto que hay tiradores que magnifican la importancia de vigilar el diámetro del canal de fuego de la misma. Personalmente y para esta disciplina, creo que hay que emplear una chimenea, de berilio o de acero, de calidad contrastada y con un canal de fuego de 0,7 mm. Esta nos durará una buena temporada y deberemos substituirla en función de nuestros requerimientos, pues no es lo mismo la alta competición que el tiro de entretenimiento. El autor de este trabajo las substituye cuando el canal de la chimenea llega a los 0,8 mm, pero está demostrado que incluso con un canal de 1 mm se pueden obtener resultados aceptables, y de hecho algunos rifles de bajo precio llevan instaladas chimeneas con ese diámetro en el canal de fuego.

 

 

Las chimeneas de máxima calidad suelen presentarse con canal de 0,7 mm, mientras que las de bajo precio suelen ser irregulares y sin un diámetro estandarizado.

Nosotros recomendamos que cuando adquiráis un rifle, nuevo o de ocasión, quitar la chimenea y substituirla por otra de calidad y canal de 0,7 mm. También consideramos muy importante instalarla con unas vueltas de cinta de teflón en la rosca para hacerla estanca a los gases, al tiempo que nos permitirá extraerla fácilmente cuando fuera necesario.
Otra recomendación muy importante a tener en cuenta es la de no apretar en exceso la misma, solo hay que roscarla hasta el final, no precisa de ninguna fuerza adicional, de lo contrario dañaremos la cresta de los hilos de la rosca con todos los problemas que ello puede comportar.

 

 

Continúa en la parte 10ª  y última.

   
 
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