LA RECARGA
Antes de continuar, es
conveniente aclarar que la pólvora negra es una mezcla
íntima de salitre, carbón y azufre.
La fórmula más antigua que se conoce (la de Roger
Bacon) data de mediados del siglo XIII y da las
siguientes proporciones, 7 partes de salitre, 5 de carbón y otras 5 de
azufre (41% salitre, 29.5% carbón y 29.5% azufre).
El porcentaje de salitre fue aumentando hasta que a finales
del siglo XVIII, se había alcanzado aproximadamente su formula final: 75%
salitre, 15% carbón y 10% de azufre. La potencia de la pólvora
negra está vinculada a la máxima pureza de sus componentes. Es por ello que
en la actualidad es posible encontrar pólvora negra en diferentes marcas,
calidades y granulación para que podamos adaptarlas a las prestaciones de
cada tipo de arma.
La recarga de cartuchería metálica con pólvora negra
es la única opción que existe si tenemos intención de
disparar con este tipo de cartuchos. Por otro lado, es un placer poder
hacerlo, pues nos permite optimizar la munición con múltiples combinaciones
de proyectil, recalibrado, engrase y pólvoras, tanto en lo que se refiere a
las calidades y granulometría, como a la cantidad.
La recarga de cartuchos
con pólvora negra, no reviste los inconvenientes de las modernas pólvoras nitrocelulósicas, si
bien tiene sus propias particularidades. Dado su comportamiento, es muy
improbable, por no decir imposible,
que la carga de un cartucho, aunque se haga a la máxima
capacidad de la vaina, aunque comprimiéramos la carga, crear algún tipo de
sobrepresión que comprometa la seguridad del arma o la integridad del
tirador.
Resulta muy importante que
diferenciemos la pólvora negra de las modernas pólvoras sin humo aunque en
ocasiones pueden presentar similar coloración.
¡¡¡La confusión con las pólvoras es lo que mas accidentes ha causado, y es
por ello que se recomienda encarecidamente que todas las pólvoras, sean del
tipo que sean, se mantengan en sus envases originales!!!
Volviendo al tema de la
recarga, comentaros que todas las
pólvoras negras tienen, básicamente, la misma composición, su progresividad se controla
aumentando o disminuyendo el tamaño de los granos de esta. En
general debemos considerar que las granulaciones mas finas son las de
quemado mas rápido y por tanto las indicadas para arma corta y pequeños
calibres. Las granulaciones de mayor diámetro son las destinadas a rifles y
calibres mayores.
En el caso que nos ocupa,
el 44-40 WCF, representa un cartucho a medio camino entre el de arma corta y
larga, que cargaremos con pólvora fina del tipo 3F o incluso de 4F, con las
que obtendremos los mejores resultados. Ello no significa que no funcionen
bien con pólvora de mayor granulometría, como la 2F, pueden hacerlo y muy
bien, sería cuestión de hacer las pruebas pertinentes, no obstante no es la
pólvora mas indicada para este cartucho.
LAS VAINAS
Las vainas son el recipiente o contenedor
imprescindible para formar el cartucho, nombre que proviene de los
envoltorios de papel que se usaban como paquete o bolsa cuando no existían
los plásticos, y que se denominó de esa forma a los primigenios cartuchos
con que se dotaron a los soldados del siglo XVIII y que se basaba en un
envoltorio de papel conteniendo un proyectil y la pólvora necesaria para el
cebado y disparo del mosquete.
Como íbamos diciendo, la
vaina es el vehículo que cohesiona todos los componentes necesarios para el
disparo. Lleva insertado el fulminante iniciador, contiene la pólvora
necesaria y lleva engarzado el proyectil. Además, está fabricada en un
material, el latón, que es sumamente elástico y en cierto modo resistente,
por lo que durante el disparo, se dilata lo suficiente hasta obturar los
gases, evitando que estos se escapen por la recámara.
Para comenzar a recargar,
podemos partir de vainas nuevas, o ya empleadas. Los pasos a seguir son muy
simples:
-
Limpiar la vaina
interior y exteriormente (solo si ha sido usada).
-
Limpiar alojamiento
del fulminante (solo si ha sido usada).
-
Recalibrar la vaina.
-
Insertar el
fulminante.
-
Abrir de boca
ligeramente.
-
Cargar la dosis de
pólvora.
-
Introducir el
proyectil.
-
Crimpar la vaina.
Cuando se recalibra una de estas vainas,
debemos tener la precaución de
lubricarla muy ligeramente (si nos
pasamos se arrugará su superficie) por el exterior ya que tienen unas paredes muy débiles y se
arrugan con suma facilidad. Personalmente uso una pequeña esponja de goma espuma untada
con grasa mineral, aunque en las armerías venden útiles y grasas para este mismo
cometido.
El ensanchado de la boca, no deberá ser exagerado, solo lo justo para permitirnos
insertar
los primeros milímetros del proyectil, de lo contrario acortaremos la vida útil de la
vaina, que por cierto no suele ser muy larga.
Referente al crimpado (conocido
vulgarmente como cerrar de boca) de la vaina, lo
considero necesario pero no es necesario hacerlo en
exceso, debido a que el retroceso que producen estas armas no es muy importante, salvo que
se usen cargas máximas para el tiro con revolver, en cuyo caso se debería crimpar
correctamente para evitar que algún proyectil se salga del cartucho y nos bloquee el
tambor.
Respecto de los
proyectiles, cabe decir que al igual que no existen dos armas iguales,
tampoco existe un proyectil tipo válido para todo. Generalmente emplearemos
uno cuyo peso oscile entre los 200 y los 220 grain, aunque los primeros son
los predominantes. El recalibrado usual para el 44-40
oscila entre las 427 y 429 milésimas de pulgada.
Un dato que debemos tener
muy en cuenta es que con proyectiles del mismo peso pero diferentes
procedencias, y por lo tanto diferente forma y configuración de la ojiva, se
obtienen resultados muy dispares y en ocasiones sorprendentes.
Este cartucho es de los
denominados de baja presión admisible (solo
1000 bar). Como todos los que se diseñaron originalmente para pólvora negra, no le
afectan demasiado las pequeñas variaciones de longitud total del cartucho. Mis cartuchos
terminados con el proyectil de plomo aleado
de 200 grain miden 40 milímetros de longitud total. Esta medida
trato de mantenerla invariable, porque se consiguen mejores prestaciones balísticas si
somos minuciosos incluso con estas variantes.
Otro detalle a tener en cuenta en la recarga, es que la pólvora negra tiene una
combustión anómala si queda suelta en la vaina, lo ideal es que quede ligeramente
comprimida. Cuando usemos cargas que no llenen por completo la capacidad de la vaina,
deberemos usar un material inerte para rellenar esa parte que queda vacía. Para ello
podemos usar la sémola de trigo duro, que cumple ese cometido perfectamente porque la
podemos dosificar en la cantidad exacta. También se pueden usar tacos de fieltro,
cartón o corcho.
Si seguimos estas sugerencias, nuestros cartuchos tendrán un buen
aspecto, una vida útil más larga y unos resultados balísticos acordes con nuestra
dedicación.
MANTENIMIENTO DE LAS VAINAS
Durante la combustión
(disparo) una gran parte de la carga de pólvora negra se convierte en
residuos sólidos. Según el tipo y calidad de la misma, puede
variar entre el 10 y el 50% del total, por lo que debemos ser cuidadosos en
la elección de los propelentes que emplearemos, de ellos no solo depende la
precisión del arma, sino también del número de disparos que podremos
efectuar con una precisión aceptable que llamaremos "regularidad".
Estos residuos de la
combustión, se quedan pegados en la vaina y ánima del
cañón, por este motivo
debemos extremar el cuidado en la limpieza de estos elementos.
Dado que no se
comercializan cartuchos cargados con pólvora negra, se impone la recarga de
los mismos. Es por ello, que el mantenimiento de las vainas tras el disparo,
se convierte en una necesidad imperiosa, para que no cambien las
características físicas de las vainas, y su aspecto estético. Estos residuos son muy higroscópicos
y producen una rápida
oxidación de la vaina, apareciendo ese típico color verde-azulado (verdín o sulfato de
cobre) que además es tóxico.
En el caso que nos ocupa, cartuchos cargados con pólvora negra, el mismo día y una
vez disparados, se deben de limpiar las vainas exteriormente con un trapo. Cuando
lleguemos a casa las meteremos en una cubeta de plástico con agua caliente jabonosa, las
removeremos y pasaremos un escobillón de cerdas plásticas por el interior. Terminar con
un abundante enjuague con agua limpia. Ya solo nos quedará secar las vainas, primero con
un trapo y después con un secador de aire caliente o bien con
aire a presión, este último método es el que mas me gusta por la rapidez.
Hay que extremar la limpieza del alojamiento del pistón, porque de ello
dependerá en gran manera la precisión del arma, ya que un pistón mal asentado por
residuos en el alojamiento, se inflamará incorrectamente o no lo hará. En caso de que el
disparo salga seguramente será un tiro errático debido a que la carga no ha recibido el
fogonazo normal del pistón, sino uno retardado y/o defectuoso.