El plomo se alea con distintos metales para conseguir una mayor dureza y
resistencia a la fricción. En metalurgia se mide la dureza de un metal, con un
mecanismo que golpea la superficie, midiéndose luego la profundidad de la marca
dejada por este. Se denomina prueba de Brinell en honor al ingeniero sueco,
Johann Brinell, que inventó la máquina. Actualmente la dureza de un metal se da
en grados Brinell, aunque existen otros mecanismos similares con escalas o
parámetros de medida similares.
Los proyectiles fabricados
con estas aleaciones tienen una mayor resistencia al rozamiento y se pueden
disparar a mayor velocidad inicial. Con ello se puede obtener un comportamiento balístico
diferente, por cuanto en su desplazamiento por el interior del cañón sufre una
menor compresión por inercia que si fuera de plomo puro.
Estos cambios también afectan a la
balística de exterior y lógicamente a la terminal o de efectos.
Los metales con que se
suele alear el plomo para conseguir una mayor dureza, son el estaño y el
antimonio, o ambos en distintas proporciones. Como dato de interés, indicar que
la temperatura de fusión del estaño, son 232º C, mientras que la del antimonio
es de 630º C. Estos datos debemos tenerlos muy en cuenta, porque si empleamos una
aleación que contenga antimonio, deberemos cuidar que la temperatura alcance la
de fusión de este elemento, de lo contrario flotará entre la escoria o residuos
sólidos. La temperatura de fusión del plomo es de 328º, pero esta cambia
sensiblemente cuando su pureza decrece y contiene otros metales aleados, como los
mencionados anteriormente.
Actualmente se emplean este
tipo de aleaciones en la mayoría de proyectiles modernos sin envuelta, pero
también en épocas pretéritas se aprovecharon de las ventajas que ofrecen las
aleaciones, aunque en un número reducido, ya que las velocidades que se obtenían
nunca fueron suficientemente importantes. La mayor parte de experimentos se
realizaron a mediados del siglo XIX, cuando los ingenieros civiles y militares
ensayaban con las nuevas armas rayadas.
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El
plomo que obtenemos en lingotes al reciclar tuberías y planchas de
plomo, es el que emplearemos posteriormente para fabricar nuestros
proyectiles. |
Actualmente y por lo que se
refiere a las armas que emplean la pólvora negra como propelente, las de
cartucho metálico son las que hacen un uso mas generalizado de este tipo de
aleaciones, mas o menos “duras”. En las disciplinas de “avancarga”,
no hay ninguna que requiera especialmente de su uso, si bien en las de ánima
lisa suele dar un buen resultado, tanto las que cargan el proyectil desnudo,
como las que lo hacen envuelto en calepino, concretamente Tanegashima, Hizadai,
Miguelete, Cominazo y Tanzutsu. Respecto de las armas con estrías, puede ser
indicado en los fusiles de paso rápido que empleen proyectil corto cuya relación
entre longitud y calibre sea 1,5/1 o similar. En estos casos resulta aconsejable
iniciar el proyectil al cañón con las estrías clavadas, y disponer un taco de
cartón (fieltro o similar) entre la carga y el proyectil a fin de mejorar la
obturación de los gases.
En cuanto a las armas
estriadas que disparen proyectil esférico envuelto en calepino, está totalmente
contraindicado el empleo de aleaciones, pues su dureza impide que el calepino
pueda transmitir (resbala) correctamente el efecto giroscópico de las estrías, y
por tanto su estabilización puede resultar defectuosa. En cuanto a los fusiles que emplean
proyectil largo cuya relación entre la longitud y calibre sea de 3/1
aproximadamente, también está desaconsejado, ya que la mayoría de estos
proyectiles se cargan sub-calibrados para aprovechar una serie de ventajas
del plomo puro, la maleabilidad principalmente, que permiten al proyectil tomar
las estrías en el momento del disparo por compresión.
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