Cominazzo es una de las pruebas más complejas, bajo mi
punto de vista, del calendario MLAIC. Y ello es debido principalmente a las
variables que entraña el encendido con llave de chispa,
sin dejar de lado que se dispara con un cañón de ánima
lisa. Esto mismo que apenas resulta limitante en arma
larga, si lo es en las pistolas, especialmente en lo
que a tiro deportivo se refiere, pues la fiabilidad y
precisión resiente considerablemente.
Los pequeños retardos del encendido, en ocasiones
imperceptibles, afectan gravemente a la precisión, pues
cambia la balística de interior y con ello la zona de impacto. El
conocimiento preciso del comportamiento de nuestra llave, en
todas las condiciones, nos permitirá resolver pequeños
problemas de encendido que nos puedan surgir en
competición.
Escribir sobre la modalidad de Cominazzo es algo que
siempre he retrasado esperando tener un mayor grado de
conocimiento sobre la especialidad. Pero a medida que
esto ocurre, se toma más consciencia de la gran cantidad
de variables que pueden influir de forma negativa en el
tiro con pistola de chispa y ánima lisa. Casi cualquier
tirador de arma corta puede progresar fácilmente con las
pistolas de percusión, Kuchenreuter, sin embargo con las
pistolas de chispa resulta algo menos sencillo encontrar
el equilibrio que permita una cierta regularidad.
En
cualquier caso, todo pasa por decidirse por una pistola
que posea una llave poco crítica y de encendido rápido
con cualquier tipo de piedra y condición.
Participo en Cominazzo desde prácticamente el comienzo
de mi andadura con las armas históricas de Avancarga, en
torno a 1989. Y sin duda alguna fue la especialidad con
la progresé más lentamente. No solo por la
particularidad del sistema, también debía entender el
motivo de las “descomunales” cargas de
proyección, la importancia de la calidad del cebo, las
piedras y su correcta instalación, algo que creo aun no
he aprendido, así como un largo etcétera de pequeñas
cosas.
Afortunadamente tuve cerca al mejor maestro que un
aficcionado pueda tener, mi amigo
José Andréu Torregrosa, un verdadero experto en la
especialidad. Su pistola fue con la que me inicié allá
por 1990. Y no solo eso, sino que me explicó la base
del tiro con armas de chispa, y que no era otra que las
cargas potentes, buen polvorín de cebo y rápido
encendido de la llave. Aun recuerdo la carga de la
Lepage por aquellos tiempos en que teníamos poco donde
escoger, 3 gramos de portuguesa de 3F, papelito
separador, 18 de sémola y proyectil esférico .475
cargado sin envuelta.
Aprendí mucho viendo tirar a los grandes contemporáneos
de mis inicios,
Joaquín Gaya, Vicente Cosío, José Andréu, José Luis
Pérez Pastor, Antonio Boronat, José Triquell y otros
muchos nombres que ahora no recuerdo. Y resulta
asombroso que sin disponer de las modernas y potentes
pólvoras del tipo suiza, hoy al alcance de cualquier
aficionado, se conseguían
iguales o mejores resultados deportivos.
Pero sin duda alguna, fueron los campeonatos
internacionales donde más asimilé, y sobre ello no
albergo duda alguna. Solo con ver como desarrollan la
competición los mejores tiradores de la especialidad, se
aprende más que en todo un año de pruebas. Cómo cargan,
cómo ejecutan el disparo, qué hacen inmediatamente
después. Era joven y tenía mucha inquietud.
Nombres como
Georg Schuchmann (GER), Serafino Militello (ITA),
Leopold Plattner (AUT), Willy Van Hille (BEL), Karl
Hammann (GER), Pascal Mainchin (FRA), Tarmo Ansamaa
(FIN), fueron modelos a seguir. La mayoría siguen en
activo y entre los puestos de honor, como es el caso de
Willy y Tarmo. A todos les admiro, y con algunos de
ellos me une una cordial amistad de años que valoro
especialmente.
Mi progresión deportiva fue suficientemente rápida hasta conseguir
marcas regulares, aunque nunca excepcionales. Marcas que
oscilaban entre los 85 y los 90 puntos que eran muy
útiles a los equipos de la época, formados por cuatro
tiradores y en donde primaba principalmente la
regularidad. Creo que ese motivo, la regularidad y no
abandonar nunca una competición por mal que vayan las
cosas, es el motivo por el que desde mis comienzos he
sido seleccionado para formar parte de Wogdon, equipo de
Cominazzo.
A medida que la experiencia fue aumentando, la
consistencia de las marcas se vio incrementada. Sin
embargo en muchas ocasiones faltado ese
empujón final que separa el diploma de la medalla. Por
eso considero tan importante entrenar "the last shoot"
(el último disparo), pues de este depende en muchos
casos el resultado final y en muchas ocasiones es el que
decanta la balanza entre el éxito de la medalla o el
diploma de consolación. Parece ridículo citar el último
disparo, pues todos debieran ejecutarse de igual manera,
y de hecho lo intentamos. Pero en alta competición
estamos sometidos a situaciones de estrés máximo que nos
condiciona en gran manera la estabilidad emocional y la
capacidad de abstracción necesaria. Los efectos se
agravan a medida que avanza la prueba, especialmente
cuando las cosas están saliendo bien y siempre que el
tirador esté compitiendo al máximo. Sin embargo y bajo
mi punto de vista, la motivación es la
mejor herramienta de que disponemos para resolver las
distintas situaciones y reconducir una prueba que dura
poco tiempo y disparos.
.
Pero ya
después de esta diatriba, es hora de afrontar el
trabajo que esperamos sea del interés de todos los
aficionados.
.
El tiro deportivo con pistola de chispa es una ciencia
bastante inexacta, y en la competición intervienen una
serie de factores, técnicos y emocionales que son
imposibles de evaluar. Es por ello que siempre debemos
intentar culminar las competiciones con la serenidad
necesaria, pues en Cominazzo nunca está “todo perdido”,
siempre se puede reencauzar un mal comienzo.
Esta disciplina se subdivide en dos categorías distintas
al separar armas originales y réplicas que compiten por
separado. El modelo de pistola es libre, encendido con
llave de chispa y cañón de ánima lisa. El calibre mínimo
permitido es de 11 m/m (.433”) tanto para las originales
como para las réplicas y el único proyectil admitido es
el esférico, la bola.
La prueba
como todas las competiciones del calendario MLAIC,
consta de trece disparos en un tiempo de 30 minutos,
contabilizando los diez de mejor resultado. Y es la
gestión del tiempo uno de los pilares de la
especialidad, pues son muchos los imprevistos que pueden
surgir durante la competición. Disponer de tiempo para
corregir la posición de la piedra y/o substituirla, en
ocasiones es lo que separa el éxito del fracaso.
Cominazzo
comparte con Tanzutsu (pistola de mecha) el dudoso honor
de ser las disciplinas de arma corta más complejas. Esto
es debido fundamentalmente al sistema de encendido,
necesariamente lento, aunque en algunas pistolas de
chispa se ha conseguido un disparo relativamente pronto y casi
comparable con las modernas de percusión. Pero siempre
nos queda el segundo escollo, el cañón de ánima lisa y
el gran retroceso que generan. Esto último es debido a
que precisamos de una trayectoria lo más tensa posible,
ya que no disponemos de la estabilidad que proporcionan
los cañones estriados.
En la actualidad nuestro
país dispone de un buen elenco de
tiradores especializados en Cominazzo, todos ellos de
nueva generación, y en los que se aprecia una
importante motivación e interés, que a no tardar
comenzará a dar sus frutos en forma de medallas
internacionales, especialmente si se realiza una gestión
correcta de las políticas deportivas para que todo este
potencial no se pierda en el desánimo.