José Ramón Galán Talens

 

Empuñar un revólver de avancarga

Para obtener una cierta regularidad en los resultados deportivos, resulta imprescindible empuñar el revólver con una cierta firmeza, incluso me atrevería a decir, con fuerza.

 

 

Ramón Selles, delegado español ante el MLAIC, empuña su Roger Spencer con el dedo anular extendido.

 

 

Empuñar correctamente un revólver de avancarga es uno de los aspectos más determinantes para la consecución de buenos resultados deportivos. Dando por sentado que todos conocemos las técnicas básicas del tiro de precisión con arma corta, será la forma y fuerza con la que empuñamos el revólver (dando por sentado el entrenamiento), lo que determinará disparos controlados y regulares o todo lo contrario.

 

Los revólveres de avancarga tienen una empuñadura simple y funcional para el uso, generalmente militar, para el que fueron ideadas, y suficiente para controlar la gran masa en movimiento durante el disparo. Pero sin ventaja alguna para el tiro deportivo de precisión. A diferencia de las deportivas modernas, no se les puede modificar las cachas de forma substancial para mejorar el agarre (lo prohíbe expresamente el reglamento MLAIC como ya vimos en el anterior capítulo denominado "LAS CACHAS"), por lo que analizaremos esta cuestión tan concluyente.

 

Como todas las armas cortas, deben empuñarse con FIRMEZA, algunos dirían “ni fuerte, ni flojo”, o como leí tiempo atrás, "como se cogería a un pajarillo, ni flojo que se escape, ni fuerte que lo matemos". Personalmente considero que hay que empuñar con suficiente fuerza como para controlar el arma durante el retroceso o reacción, y además que en los revólveres se debe llevar una presión de gatillo igual o superior a los 500 gramos (personalmente prefiero 1000 gramos), a fin de garantizar o ayudarnos a empuñar con una cierta fuerza. Los disparadores más sensibles, tienden a que debilitemos el agarre de la empuñadura. Esto último nos puede beneficiar en los entrenamientos, pero no en la competición donde aparecen otros factores negativos que afectan al tono muscular y al sistema nervioso central.

 

Para entender como se debe empuñar un arma corta y más concretamente un revólver de avancarga, primero analizaremos de forma simple y resumida que es la balística de interior, para seguir con el concepto ACCIÓN y REACCIÓN.

 

 

Básicamente existen dos formas claramente diferenciadas de empuñar un revólver de avancarga, con el dedo pulgar extendido y apoyado en el escudo del arma, o bien con el mismo dedo enrollando la empuñadura. Ambos métodos tienen defensores y detractores.

 

 

La balística de interior es todo lo que le ocurre al proyectil, desde el momento en que se libera el fiador de disparo hasta que el proyectil abandona el cañón, concretamente hasta que el proyectil ya se ha alejado unos centímetros de la boca del cañón y no se ve afectado por el chorro de gases. Todo esto ocurre en una fracción de segundo, pero lo estudiaremos paso a paso para poder sacar conclusiones.

 

En el momento en que el fiador de disparo libera el martillo, se generan una serie de fuerzas contrapuestas. El muelle real se libera empujando el martillo, que acabará golpeando el fulminante con una fuerza determinada y suficiente para que estalle (en algunos modelos, también golpeará el armazón en su parte superior). Esto inicia la carga propulsora que al inflamarse crea gran cantidad de gases que aumentan la presión en la recámara a gran velocidad, hasta llegar a un umbral determinado en que el proyectil se pone en movimiento. Ello aumentará el volumen de la recámara y con ello la presión empieza a decrecer al tiempo que el proyectil avanza rotando por efecto de las estrías y hasta que este abandona el cañón con una determinada velocidad y efecto giroscópico.

 

Todo esto sería la ACCIÓN, y toda acción tiene como consecuencia una REACCIÓN.

 

La reacción al movimiento del proyectil, debería ser del arma hacia atrás, pero aquí se ven otras fuerzas opuestas implicadas, principalmente la generada como consecuencia de forzar el giro del proyectil al tiempo que avanza. De hecho si dejáramos el arma sobre una mesa sin nada que la sujetara y la pudiésemos disparar eléctricamente, veríamos que esta salta hacia atrás y lateralmente de forma opuesta al giro de las estrías.

 

Todo esto es consecuencia de la reacción al movimiento del proyectil y empieza justo en el momento del disparo y no en el momento en que el proyectil abandona el cañón, si bien en ese momento es cuando mas se acusa el retroceso y relevación del arma.

 

La reacción empieza en el mismo instante de liberar el fiador de disparo y se ve afectada tanto por el retroceso del arma, como por el movimiento interno del sistema de disparo (estas fuerzas se aprecian en los disparos de ensayo, “tiro en seco”, sin carga).

 

Por todo esto, las armas cortas deben empuñarse con firmeza, tanto más cuanto mayor sea la potencia del cartucho o carga, puesto que a mayor peso del proyectil y mayor velocidad inicial, mayor será la REACCIÓN. Podemos pensar por ello, que cargas mas ligeras exigen una menor fuerza de sujeción y viceversa.

 

 

 

 

Disparo controlado de un Roger Spencer. El revólver retrocede lineal.

 

Disparo controlado de un Rémington. El revólver retrocede lineal.

 

 

Muchos de esos disparos que inexplicablemente se nos van de la agrupación, son consecuencia, en algunas ocasiones, de un defectuoso agarre del arma y que en ocasiones se podrá corregir, pero no siempre.

 

Un exceso de tensión nerviosa (estrés emocional, pánico escénico, miedo o como queramos llamarlo) impide que empuñemos con la firmeza necesaria, provocando un aflojamiento de la articulación de la muñeca en el momento del disparo (aunque tengamos un buen tono muscular previo), y cuyo resultado siempre será un impacto fuera del grupo.

 

En algunas ocasiones podemos apreciar como en el momento del disparo parece que el retroceso nos hace dar un giro anormal de articulación de la muñeca, cuando lo que ha ocurrido, es que el soporte del revólver (articulaciones de la mano y brazo) han cedido en el momento de la reacción, es decir, que por falta de forma física o por estrés emocional no empuñábamos con la suficiente firmeza.

 

El ejemplo atlético aplicable a este hecho, sería que en el momento de la salida de una prueba de los 100 metros lisos, justo en el momento en que el corredor aplica toda su fuerza en sus piernas para poder lanzarse a la máxima velocidad, resbalara el soporte clavado al suelo con el que se impulsa, las consecuencias se pueden imaginar.

 

Empuñar con firmeza.
 

 

        

Para una misma longitud de cañón, la reacción tendrá efectos más negativos, cuanto más tiempo esté el proyectil sometido a ello, que es cuanto menor es la velocidad inicial del mismo. Pero al mismo tiempo hay que tener en cuenta que una menor velocidad inicial también se genera una menor reacción.

 

Habría pues que buscar el equilibrio, es decir la velocidad del proyectil que agrupando correctamente, afecte lo menos posible según nuestra condición física y forma de empuñar. Generalmente este equilibrio lo encontraremos con velocidades que oscilan entre los 220 y los 250 metros por segundo (siempre refiriéndonos a un revolver de avancarga.

 

 

 

 

Si empuñamos con firmeza y el dedo pulgar enrollado sobre la empuñadura, generalmente el retroceso es más lineal.
 

 

Cuando empuñamos con firmeza y el dedo pulgar extendido y apoyado en el escudo del armazón, el retroceso es menos lineal, pero si el tono muscular es el adecuado, esto no reviste mayor problema.

 

 

De las muchas formas que existen para agarrar la empuñadura, dos son las que se imponen, la clásica de “enrollar” la mano sobre la misma (dedo pulgar enrollado), y la que apoya el dedo pulgar sobre la parte trasera del armazón justo al lado del martillo.

 

Resulta muy complejo y arriesgado hacer un análisis sobre las dos variantes, y lo peor de todo es que durante mi vida deportiva he tenido opiniones diferentes sobre muchos aspectos y este es uno de ellos. El motivo es que voy a dar una opinión y/o teoría que está directamente relacionada con mi experiencia actual, pero también con mis condiciones físicas y emocionales actuales, y ello podría no ser totalmente riguroso.

 

No obstante, no puedo "escurrir el bulto", mi opinión personal actual, es que empuñar con el dedo pulgar enrollado sobre las cachas, es muy útil cuando el disparador necesita una presión igual o mayor de 500 gramos. Opino también que es la forma con la que se consigue un mayor control de la reacción y no es muy crítica cuando nuestra forma física y tono muscular no son los mejores. Todo ello se aprecia cuando entrenamos "en seco".

 

Por el contrario, empuñar con el pulgar extendido hasta apoyarlo en el escudo, es la forma más lógica para el tiro de precisión. Con ella se pueden obtener los mejores resultados deportivos, pero......... solo podremos usarla con disparadores “ligeros” de peso y cuando nuestro tono muscular y forma física sean los mejores. Cuando ello no concurra, los resultados serán alarmantemente deficientes. Esta última fórmula es con la que se tiene un mayor control de la ejecución del disparo pero precisa de un buen entrenamiento y una buena la presa de la mano. Así mismo, esta es la forma que permite empuñar mas alto (mas cerca del eje del cañón"), que es lo mas "ortodoxo" según todos los tratados de tiro de precisión con arma corta.

 

Respecto de esto último, y me refiero a los tratados de tiro con arma corta actuales, están pensados y escritos básicamente para disciplinas olímpicas, libre, neumática y deportiva, todas ellas con cachas anatómicas, y por tanto con una ventaja que no tienen los revólveres de avancarga.

 

La última pregunta es, ¿y como empuñas tú?, pues bien, a lo largo de mi carrera deportiva he empleado ambas.  Actualmente la primera con el dedo pulgar enrollado y empuñando algo bajo, y esto es debido a que mi forma física ya no es la mejor y prefiero un mayor control del disparador (menos sensible). No obstante no considero que sea la forma mas correcta de empuñar el revólver.

 

Forma de empuñar con el pulgar enrollado, menos técnica, pero es posible conseguir un mayor control del retroceso, o al menos, que este sea mas lineal. En las imágenes, disparo con un Rémington New Model Army 1863.

 

 

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