Empuñar correctamente un revólver de
avancarga es uno de los
aspectos más determinantes para la consecución de buenos
resultados deportivos. Dando por sentado que todos
conocemos las técnicas básicas del tiro de precisión con
arma corta, será la forma y fuerza con la que empuñamos
el revólver (dando
por sentado el entrenamiento), lo que
determinará disparos controlados y regulares o todo lo
contrario.
Los revólveres de
avancarga tienen una empuñadura simple y funcional para
el uso, generalmente militar, para el que fueron
ideadas, y suficiente para controlar la gran masa en
movimiento durante el disparo. Pero sin
ventaja alguna
para el tiro deportivo de precisión. A diferencia de las
deportivas modernas, no se les puede modificar las
cachas de forma substancial para mejorar el agarre (lo
prohíbe expresamente el reglamento MLAIC como ya
vimos en el anterior capítulo denominado "LAS CACHAS"), por lo que
analizaremos esta cuestión tan concluyente.
Como todas las armas
cortas, deben empuñarse con FIRMEZA, algunos dirían “ni
fuerte, ni flojo”, o como leí tiempo atrás, "como
se cogería a un pajarillo, ni flojo que se escape, ni
fuerte que lo matemos". Personalmente considero
que hay que empuñar con suficiente fuerza como
para controlar el arma durante el
retroceso o reacción, y además que en los revólveres se debe llevar una presión de
gatillo igual o superior a los 500 gramos
(personalmente prefiero 1000 gramos),
a fin de garantizar o ayudarnos a empuñar con una cierta
fuerza. Los disparadores más sensibles, tienden a que
debilitemos el agarre de la empuñadura. Esto
último nos puede beneficiar en los entrenamientos, pero
no en la competición donde aparecen otros factores
negativos que afectan al tono muscular y al sistema
nervioso central.
Para entender como
se debe empuñar un arma corta y más concretamente un
revólver de avancarga, primero analizaremos de forma
simple y resumida que es la balística de interior, para
seguir con el concepto ACCIÓN y
REACCIÓN.
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Básicamente existen dos
formas claramente
diferenciadas de empuñar un
revólver de avancarga, con
el dedo pulgar extendido y
apoyado en el escudo del
arma, o bien con el mismo
dedo enrollando la
empuñadura. Ambos métodos
tienen defensores y
detractores.
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La balística de
interior es todo lo que le ocurre al proyectil, desde el
momento en que se libera el fiador de disparo hasta que
el proyectil abandona el cañón, concretamente hasta que
el proyectil ya se ha alejado unos centímetros de la
boca del cañón y no se ve afectado por el chorro de
gases. Todo esto ocurre en una fracción de segundo, pero
lo estudiaremos paso a paso para poder sacar
conclusiones.
En el momento en que
el fiador de disparo libera el martillo, se
generan una serie de fuerzas contrapuestas.
El
muelle real se libera empujando el martillo, que acabará
golpeando el fulminante con una fuerza determinada y
suficiente para que estalle (en algunos modelos,
también golpeará el armazón en su parte superior).
Esto inicia la carga propulsora que al inflamarse crea
gran cantidad de gases que aumentan la presión en la
recámara a gran velocidad, hasta llegar a un umbral
determinado en que el proyectil se pone en movimiento.
Ello aumentará el volumen de la
recámara y
con ello la presión empieza
a decrecer al tiempo que el proyectil avanza rotando por
efecto de las estrías y hasta que este abandona el cañón
con una determinada velocidad y efecto giroscópico.
Todo esto sería la
ACCIÓN,
y toda acción tiene como
consecuencia una
REACCIÓN.
La reacción al
movimiento del proyectil, debería ser del arma hacia
atrás, pero aquí se ven otras fuerzas opuestas
implicadas, principalmente la generada como consecuencia
de forzar el giro del proyectil al tiempo que avanza. De
hecho si dejáramos el arma sobre una mesa sin nada que
la sujetara y la pudiésemos disparar eléctricamente,
veríamos que esta salta hacia atrás y lateralmente de
forma opuesta al giro de las estrías.
Todo esto es
consecuencia de la reacción al movimiento del proyectil
y empieza justo en el momento del disparo y no en el
momento en que el proyectil abandona el cañón, si bien
en ese momento es cuando mas se acusa el retroceso y
relevación del arma.
La reacción empieza
en el mismo instante de liberar el fiador de disparo y
se ve afectada tanto por el retroceso del arma, como por
el movimiento interno del sistema de disparo (estas
fuerzas se aprecian en los disparos de ensayo, “tiro en
seco”, sin carga).
Por todo esto, las
armas cortas deben empuñarse con firmeza, tanto más
cuanto mayor sea la potencia del cartucho o carga,
puesto que a mayor peso del proyectil y mayor velocidad
inicial, mayor será la REACCIÓN.
Podemos pensar por
ello, que cargas mas ligeras exigen una menor fuerza de
sujeción y viceversa.
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Disparo controlado de un
Roger Spencer. El revólver
retrocede lineal.
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Disparo controlado de un
Rémington. El revólver
retrocede lineal.
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Muchos de esos
disparos que inexplicablemente se nos van de la
agrupación, son consecuencia, en algunas ocasiones, de
un defectuoso agarre del arma y que en ocasiones se
podrá corregir, pero no siempre.
Un exceso de tensión
nerviosa (estrés emocional, pánico escénico, miedo
o como queramos llamarlo)
impide que empuñemos con la firmeza necesaria,
provocando un aflojamiento de la articulación de la
muñeca en el momento del disparo (aunque tengamos un
buen tono muscular previo), y cuyo
resultado siempre será un impacto fuera del grupo.
En algunas ocasiones
podemos apreciar como en el
momento del disparo parece que el retroceso nos hace dar
un giro anormal de articulación de
la muñeca, cuando lo que ha
ocurrido, es que el soporte del revólver (articulaciones
de la mano y brazo) han cedido en el momento de la
reacción, es decir, que por falta de
forma física o por estrés emocional no empuñábamos con
la suficiente firmeza.
El ejemplo
atlético aplicable a este hecho,
sería que en el momento de la salida de una prueba de
los 100 metros lisos, justo en el momento en que el
corredor aplica toda su fuerza en sus piernas para poder
lanzarse a la máxima velocidad, resbalara el soporte
clavado al suelo con el que se impulsa, las
consecuencias se pueden imaginar.
Para una misma
longitud de cañón, la reacción tendrá efectos más
negativos, cuanto más tiempo esté el proyectil sometido
a ello, que es cuanto menor es la velocidad inicial del
mismo. Pero al mismo tiempo hay que tener en cuenta que
una menor velocidad inicial también se
genera una menor reacción.
Habría pues que
buscar el equilibrio, es decir la velocidad del
proyectil que agrupando correctamente, afecte lo menos
posible según nuestra condición física y forma de
empuñar. Generalmente este equilibrio lo encontraremos
con velocidades que oscilan entre los 220
y los 250 metros por segundo
(siempre refiriéndonos a un revolver de avancarga.
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Si empuñamos con
firmeza y el dedo pulgar
enrollado sobre la empuñadura,
generalmente el retroceso es más
lineal.
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Cuando empuñamos con firmeza
y el dedo pulgar extendido y
apoyado en el escudo del
armazón, el retroceso es
menos lineal, pero si el
tono muscular es el
adecuado, esto no reviste
mayor problema.
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De las muchas formas que
existen para agarrar la empuñadura, dos son las que se
imponen, la clásica de “enrollar” la mano sobre la misma
(dedo pulgar enrollado), y la que apoya
el dedo pulgar sobre la parte trasera del armazón justo al
lado del martillo.
Resulta muy complejo y arriesgado hacer un
análisis sobre las dos variantes, y lo peor de todo es que
durante mi vida deportiva he tenido opiniones diferentes
sobre muchos aspectos y este es uno de ellos. El motivo es
que voy a dar una opinión y/o teoría que está directamente
relacionada con mi experiencia actual, pero también con mis
condiciones físicas y emocionales actuales, y ello podría no
ser totalmente riguroso.
No obstante, no puedo "escurrir el
bulto", mi opinión personal actual, es que empuñar con el
dedo pulgar enrollado sobre las cachas,
es muy útil cuando el disparador necesita una presión igual
o mayor de 500 gramos.
Opino también que es la forma
con la que se consigue un mayor control de la reacción y no
es muy crítica cuando nuestra forma física y tono muscular
no son los mejores. Todo ello se
aprecia cuando entrenamos "en seco".
Por el contrario, empuñar con el pulgar
extendido hasta apoyarlo en el escudo,
es la forma más lógica para el
tiro de precisión. Con ella se pueden obtener los
mejores resultados deportivos, pero......... solo
podremos usarla con disparadores
“ligeros” de peso y cuando nuestro tono muscular y
forma física sean los mejores. Cuando ello no concurra, los
resultados serán alarmantemente deficientes. Esta
última fórmula
es con la que se tiene un mayor control
de la ejecución del disparo pero precisa de un buen entrenamiento y una
buena la presa de la mano. Así
mismo, esta es la forma que permite empuñar mas alto (mas
cerca del eje del cañón"), que es lo mas "ortodoxo" según
todos los tratados de tiro de precisión con arma corta.
Respecto de esto último, y me refiero a los
tratados de tiro con arma corta actuales, están pensados y
escritos básicamente para disciplinas olímpicas, libre,
neumática y deportiva, todas ellas con cachas anatómicas, y
por tanto con una ventaja que no tienen los revólveres de
avancarga.
La última pregunta es, ¿y como empuñas tú?,
pues bien, a lo largo de mi carrera deportiva he empleado
ambas. Actualmente la primera con el dedo pulgar
enrollado y empuñando algo bajo, y esto es debido a que mi forma física ya no es
la mejor y prefiero un mayor control del disparador (menos
sensible). No obstante no considero que sea la forma
mas correcta de empuñar el revólver.
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