Entre las armas de Avancarga, de ayer y hoy, la
uniformidad en calibres no existe, ni siquiera en las inglesas de calibre 451,
pues en los mejores casos varían entre 449 y 453. Por ello y también desde
antaño, se fabricaron recalibradores, especialmente para los rifles de tiro a
larga distancia, que actualmente empleamos para el tiro a 100 metros.
Por las características del ánima y la forma en que el proyectil toma las
estrías, compresión por inercia
en el momento del disparo, resulta conveniente
un
calibrado de los proyectiles
que ajuste la bala al diámetro del ánima
entre campos. Este calibrado del proyectil
para que entre
ajustado
a los campos,
pero sin agarrarse, nos asegura
que en el momento de la aceleración
inicial no sufra una compresión defectuosa que le haga “cabecear”
en ese momento crítico.
Los recalibradores, como su propio nombre indica, sirven para rectificar
el
proyectil de un tamaño mayor o otro inferior manteniendo la simetría. Esta
simple descripción nos dice mucho, pero no es literal, porque existe un límite
en cuanto a la medida que podemos rebajar, y que no debería ser mayor de 5
milésimas de pulgada, aunque los mejores resultados se obtienen cuando la
cantidad a rebajar sea de 1 o 2 milésimas.
Cuando hablamos de recalibrado, solo
nos referimos al que se lleva a cabo con los proyectiles de plomo, los únicos
que se pueden utilizar en armas de pólvora negra. Su uso principal es el de
adaptar los proyectiles cilindro-cónicos en todas su variantes, al calibre exacto del arma. A diferencia de las armas modernas,
las antiguas nos permiten probar múltiples formas de proyectil, con el fin de
conseguir la máxima precisión durante un número mayor de disparos.
Como ejemplo, supongamos que tenemos un rifle de calibre .451, y un molde de
.456.
Podríamos recalibrar los proyectiles a .451, con lo que el proyectil entrará
deslizándose entre campos a través del ánima sin ningún esfuerzo, tomando las
estrías en el momento del disparo por compresión. O bien podemos recalibrar ese
proyectil a .453 e iniciarlo al cañón clavado en las estrías, bajará con mas
dificultad, pero es otra fórmula de carga igualmente válida. Actualmente ambas opciones de carga son empleadas por la mayor
parte de tiradores, si bien la primera funciona muy bien con proyectiles pesados
y de calibre 45, mientras que la segunda esta mas indicada para proyectiles mas
ligeros o calibres inferiores al mencionado.
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A la derecha un
proyectil de base hueca tipo minié que entra ajustado al cañón. El
recalibrado nos permite ajustar el diámetro del proyectil al calibre
del ánima.
A la izquierda
proyectiles recuperados del espaldón en los que se aprecian las
marcas del estriado, tanto si han sido recalibrados como forzados.
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Actualmente existen muchos tipos de recalibradores y prácticamente todos los
fabricantes de material de recarga los ofrecen. Todos ellos son de buena calidad y
precio relativamente bajo, no obstante y dada la variedad de calibres que se
pueden necesitar, suele ser habitual que se realicen artesanalmente. Los podemos
fabricar nosotros mismos, o ese amigo mañoso que todos tenemos, pero siempre
resultará mas cómodo solicitarlo a alguno de los comerciantes de productos para
Avancarga, que los ofrecen a medida, con plazos de entrega limitados y garantía
de la medida solicitada. Personalmente, tengo calibradores de todas marcas y
modelos, incluyendo muchos artesanales, sin que pueda definir que unos son
mejores que otros, solo la comodidad que se tenga en la forma de hacer pasar el
proyectil a su través marcará la diferencia.
Son muy fáciles de fabricar, porque básicamente un calibrador es una pieza
metálica con un taladro central que por un lado, el de entrada, tiene el
diámetro del molde o turquesa, mientras que en la salida tiene el calibre exacto
que deseamos, de manera que el proyectil pueda entrar centrado en el mismo, para
posteriormente y mediante un cilindro metálico (de latón generalmente) hacerlo
pasar a su través. Esto es muy resumido, habrá que emplear mucho tiempo y lija
de aceite para conseguir nuestro recalibrador, y siempre será una experiencia
enriquecedora. También solemos modificar uno comercial cuando la medida que
necesitamos no existe comercialmente.
La
mayoría de los comerciales se adaptan a las prensas de recarga y son muy
sencillos de usar y generalmente económicos.
Antes de finalizar, recordaros que resulta imprescindible o muy aconsejable,
engrasar los proyectiles antes del recalibrado, de lo contrario pueden “agarrarse”
en el interior del útil de recalibrado y casi seguro que sufrirán alguna
deformidad por la compresión cuando le obliguemos a pasar, nada aconsejable para
nuestro objetivo.
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