La
concentración mental es necesaria en cualquier aspecto social,
laboral o
deportivo que requiera precisión y esfuerzo al límite. Y el tiro
es uno de
esos deportes.
Llamamos
concentración a la capacidad voluntaria de abstraernos y
centrar nuestro pensamiento en un objetivo premeditado,
evitando las distracciones que pasan por ser el antónimo
de la concentración.
Es la base para cualquier disciplina
deportiva, pero muy especialmente del tiro de precisión.
Cualquier
descuido en el
proceso de carga o en la ejecución del disparo, nos penalizará,
y es por ello que debemos luchar por evitarlos.
En las disciplinas
MLAIC, como en las ISSF, el proceso de carga puede
parecer una distracción, pero si lo analizamos
fríamente, pasa por ser una forma de abstraernos, de ahí
que muchos movimientos los realicemos de forma mecánica,
hasta el punto que cualquier cambio puede afectarnos.
Cuando
estamos bien preparados, y para ello sirve el
entrenamiento, podemos realizar las competiciones de
forma sencilla, casi mecánica y sin distracciones.
En estas ocasiones logramos
magníficas marcas sin esfuerzo “aparente”, y lo
pongo entrecomillado y negrita, porque solo es eso, aparente.
Detrás de una buena marca, siempre hay trabajo, esfuerzo
y un buen momento de forma físico-técnica.
Mantener toda la
atención sin distracciones en el enfoque de los
elementos de puntería, al tiempo que aumentamos
paulatinamente la presión sobre el disparador hasta que
nos sorprenda el disparo sin impresionarnos.
Este hecho tan simple es la esencia del tiro, y si
conseguimos aislarnos de todo lo ajeno a la competición,
dedicando toda nuestra capacidad mental a ello,
tendremos el éxito asegurado.
En otras
ocasiones y aun estando en un buen momento de forma
física y emocional, no obtenemos buenos resultados.
Ello puede ser debido a varios motivos, en ocasiones falta de motivación.
Y esta es el motor del éxito. Pero la situación es reversible con meditación y
visualización, dos técnicas que nos pueden ayudar, pero solo si somos capaces de
auto-diagnosticar el problema.
A estas alturas ya es
obvio que carezco de la formación necesaria para
escribir sobre psicología, no es esa mi intención. Es
por ello que no me esforzaré en parecer lo que no soy,
los objetivos de este trabajo están claros desde el
principio.
Solo escribo en base a mi
experiencia, que si tengo, en emociones vividas en el puesto de tiro y
aunque no sepa emplear los términos técnicos adecuados, se
perfectamente lo que pasa a un ser humano cuando se le
somete a un situación de estrés máximo en condiciones
nada dinámicas.
Esta situación solo aparece cuando se
está motivado y se lucha por el éxito, nunca
cuando solo se participa en un evento sin más pretensión
que cuando se realiza una apuesta.
La concentración
es una palabra que abarca mucho, pero que en el fondo
tan solo significa “no distraer la mente del
objetivo”.
Durante
la competición podemos distraernos con pequeños
detalles, y ello nos puede llevar al fracaso. Estos
pequeños detalles, o mejor aún, el hecho de saber
que pueden ocurrir, nos hará estar prevenidos. Son
tantos los motivos que nos pueden afectar, que sería ilógico enumerarlos, pero basta
saber, que la simple participación en un evento “competitivo”
siempre nos somete a una cierta tensión emocional.
Nuestro cerebro reaccionará al estímulo, generalmente
con pánico infundado, pero segregando hormonas, adrenalina y otras,
que si alteran nuestro estado físico y mental, cuyos
efectos se magnifican por ser nuestro
deporte es totalmente estático.
Todo
ello se puede contrarrestar, pero no anular.
Para
atenuar, o consumir, el exceso de adrenalina se pueden realizar
simples ejercicios isométricos en el puesto de tiro que
no nos llevaran más de 30 segundos*, y que nos pueden ayudar
a concluir una tirada de la mejor manera. Sin embargo no
es una situación fácil. El mejor remedio será siempre
una buena preparación técnica y
confianza en
uno mismo, pero sin sobrevalorarnos en exceso. Uno debe
saber el lugar que ocupa, y las metas muy altas conducen
al sufrimiento y a la frustración.
Las
distracciones son consecuencia de diferentes reacciones
emocionales, y se pueden combatir o contrarrestar.
La primera línea de defensa será de nuevo la preparación
técnica, el entrenamiento y la
confianza en uno mismo. Pero también nos podremos ayudar
de la Meditación y la Visualización, dos técnicas que tampoco nos quitarán
demasiado tiempo de concurso.
La Meditación
previa es necesaria para tratar de saber cuáles son nuestros
objetivos y una vez sentados estos, analizar la cantidad
de esfuerzo que puede costar lograrlos y si estamos
dispuestos a asumirlo. Es absolutamente indispensable
que nuestra meta sea acorde con nuestro nivel
deportivo (preparación técnica y práctica), pues si nos
trazamos un objetivo excesivamente alto, seremos incapaces
de auto-convencernos de su consecución y el fracaso, la
frustración y el desánimo están
casi asegurados.
Por lo
tanto, y aunque parezca obvio, metas acordes con nuestra preparación.
La Visualización.
Esta palabra tiene muchas acepciones, como casi todas.
Nosotros la analizaremos desde el punto de vista
práctico para nuestro fin, que no es otro que concluir
una prueba de tiro con la marca más alta posible.
Evitando tecnicismos, visualización sería la acción de forzar una
especie de sueño despierto, pero bajo nuestra dirección.
Y para que realmente surta efecto, deberemos escenificarlo
perfectamente, de manera que nos forzaremos a “visualizar”
(imaginar, soñar o como queramos llamarlo) la ejecución
de un disparo perfecto y de ejecución rápida, desde el momento anterior al
levantamiento del brazo, pasando por el levantamiento en
sí, toma de miras y ejecución del disparo, así como
del resultado del mismo, un diez perfecto. Y todo esto,
como si nosotros mismos nos estuviésemos viendo desde
atrás.
También valdría como visualización, recordar en
todos sus detalles un disparo bien efectuado por
algún tirador significativo en el que nos hayamos fijado
en algún momento. Después de esto y sin dilación,
deberemos levantar el brazo y efectuar nosotros mismos
ese disparo de perfecta ejecución, y emularlo.
Lo
explicado, puede parecer un juego, y realmente lo es.
Obligamos a nuestro cerebro que "sueñe" o
rememore una acción, impidiendo que se
distraiga con asuntos ajenos a ese disparo que estamos
intentando realizar.
El autor lo
hace con los ojos cerrados, y a continuación los abre e
intenta ejecutar el disparo perfecto y lo más rápido
posible. Hay que recordar que cuando recurrimos a la
visualización ya estamos en problemas, generalmente con
mucha adrenalina en nuestro torrente sanguíneo, por lo
que retrasar el disparo seguramente nos penalizará.
En una ocasión puede ver una película
sobre Xu Haifeng y la especialidad de pistola libre en
la Olimpiada de Los Ángeles 1984. No tiene desperdicio,
y los ejercicios de visualización que realiza el
protagonista, el propio Xu, sobre el "last shoot"
son muy didácticos.
Una buena preparación técnica, entrenamiento y la correcta aplicación de estas técnicas, serán la garantía
de éxito en cualquier disciplina.